Castorila

Dejación de las armas: el tiempo de la palabra

A las seis de la mañana, cuando apenas clareaba, un helicóptero rompió el cielo de la vereda Bellavista, ubicada en el municipio de Mesetas (Meta). Lo siguieron cinco aeronaves que transportaron a los invitados y protagonistas del evento histórico en que las Farc dieron su paso definitivo a la vida civil con la dejación de las últimas armas que estaban en su poder. La cita se cumplió sin retrasos. A las 10:30 de la mañana, el presidente Juan Manuel Santos ya estaba en la tarima con aire meditabundo. Minutos después subió la delegación de las Farc, encabezada por su máximo jefe, Rodrigo Londoño, Timochenko.

Autoridades locales y departamentales, líderes comunitarios, jerarcas de las comunidades religiosas, miembros de la Fuerza Pública y guerrilleros de las Farc atravesaron el barrial que daba paso a la tarima donde se selló el último adiós a las armas. Más de 200 presos y sus familias, que se encontraban en el único espacio de reclusión ubicada dentro de una zona veredal, marcharon en fila. Encabezó el grupo un guerrillero con su bebé de siete semanas de nacida. La misma que Timochenko alzó en tarima y le presentó al presidente Santos: “Estos son los hijos de la paz. Nuestra semilla será nuestra arma más poderosa”, gritó el insurgente camino a la ceremonia.

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En los semblantes de la guerrilla se veían emociones encontradas: tristeza, miedo, incertidumbre, nostalgia. “No puedo explicar lo que siento. Tengo ganas de llorar y de reír a la vez. Me atacan los recuerdos de lo que vivimos y me inunda el miedo de que no nos cumplan. Pero nos alienta la confianza en que la paz será mucho más fuerte”, explicó Victoria Sandino con la voz entrecortada. Su sentimiento es el de la comunidad fariana. Joaquín Gómez, miembro del Secretariado, tampoco tenía palabras para el momento. “Se me revuelve todo. Tantos años de lucha, tanto sacrificio”, expresó con un suspiro profundo, y se tapó el rostro con las manos ante un sol picante que alzaba vuelo.

Antes de subir al escenario, el Secretariado de las Farc se refugió bajo una improvisada carpa de plásticos donde funciona el comedor de la zona veredal Mariana Páez, la más grande del país y a la vez la más atrasada en la construcción de zonas comunes. De fondo, un arpa llanera llevaba las notas de un pasillo. Timochenko miraba atento a quien la tocaba. La letra recordaba la historia de Guadalupe Salcedo, el guerrillero liberal que entregó sus armas a Rojas Pinilla en 1953 y luego fue asesinado en el sur de Bogotá. La historia repetida que no ha permitido cerrar los ciclos de violencia en Colombia. Las Farc lo sienten y Timochenko se refirió al tema en su intervención.

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El discurso del jefe guerrillero lo antecedió el canto de César López, famoso por tocar un fusil convertido en guitarra. “Hoy desperté a cosechar estas siembras, para cantar al fin: el fin de la guerra”, entonó. Pero las palabras de Timochenko no fueron tan románticas. El a partir de ayer director de la fuerza política en que se convierta las Farc no dudó en utilizar su nueva arma: la palabra. “Guerrilleras y guerrilleros del ayer Ejército del Pueblo, hoy militantes de la Esperanza del Pueblo”, arrancó su discurso, que pasó por la precisión de que las Farc no dejarán de existir, sino que renuncian al alzamiento armado para luchar por vías legales y pacíficas.

Timochenko hizo énfasis en que este acto era la muestra del compromiso de las Farc con el Acuerdo de Paz y lanzó duros cuestionamientos al cumplimiento de los compromisos del Gobierno. “En lo que hace a nosotros, cumplimos la dejación de armas a conformidad con lo pactado. Quedan ellas en manos de la ONU para la construcción de los monumentos previstos. Honramos así nuestra palabra y esperamos que el Estado cumpla la suya”, dijo. Y aprovechó para pedir el cumplimiento de la reforma agraria, las transformaciones políticas y los acuerdos en materia de justicia y seguridad. De igual forma aprovechó la ocasión para manifestar su inconformidad por la lenta ejecución de lo pactado por parte del Estado.

“Caminaremos por calles y plazas de Colombia llevando nuestro mensaje de concordia y reconciliación. Las trágicas experiencias del pasado no podrán repetirse, porque nuestra patria ha aprendido de su dolor. Porque los colombianos y colombianas no permitirán que se nos estafe de nuevo. Adiós a las armas, adiós a la guerra. Bienvenida la paz”, concluyó. Las palabras de Timochenko sorprendieron a la delegación del presidente Santos, que tenía previsto un discurso más amable para la ocasión. Incluso empezó su intervención citando un poema de Víctor Hugo. El jefe de Estado dijo a Timochenko que tomaba su promesa de que en adelante su única arma sea la palabra.

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“Esta es la mejor noticia para Colombia en los últimos 50 años. Es la gran noticia de la paz, de la concordia, del arreglo de las diferencias dentro de la legalidad que habíamos esperado tanto tiempo. Y hoy, con emoción, constatamos el fin de esta guerra absurda, que no sólo duró más de cinco décadas sino algo peor: ocho millones de víctimas y más de 220.000 compatriotas muertos”, refirió Santos. Continúo destacando el significado del momento histórico y dijo que este es un mensaje para Colombia y el mundo de que la paz es irreversible.

Para finalizar su intervención, Santos afirmó que no está de acuerdo con el modelo político y económico que proponen las Farc, pero que está dispuesto a defender el derecho que tienen de expresar lo que piensan. Por eso prometió que habrá garantías de seguridad. “Estemos a la altura de la paz que hemos logrado. Estemos a la altura de los sueños de nuestros hijos, que hoy nos miran con ojos de esperanza. Estemos a la altura de la historia. No dejemos perder este momento, ni este logro que es de todos. De todos los colombianos. Somos un pueblo. Somos una nación. Que viva la paz”, concluyó.

Al terminar las intervenciones soltaron de una caja las mariposas amarillas que han sido evocadas en distintos momentos trascendentales del proceso de paz, las que simbolizan a Mauricio Babilonia, el personaje que creó García Márquez en Cien años de soledad. El acto cerró con un concierto de música llanera, apretones de manos y ojos vidriosos por la emoción. Y fue el sello del cierre del acuerdo de cese bilateral, que se cumple con dejación de las armas y la extracción, el próximo 1º de agosto, de todo el armamento de la guerrilla contenido en más de 900 caletas. Y a la vez, este final de la lucha guerrillera marca el inicio de su trasformación en fuerza política y movimiento legal, el cual será lanzado en la primera mitad del próximo mes, cuando se lleve a cabo su primer congreso como partido.

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