Castorila

El recorte a la ciencia también duele

En 2013 el presupuesto de Colciencias era de $430.150 millones. En 2018 será de $220.506 millones. / Archivo El Espectador

“El futuro de Colombia va a estar profunda y directamente relacionado con la capacidad que los colombianos tengamos de organizar la educación; la hija de la educación: la ciencia; y la hija de la ciencia: la tecnología”, dijo hace 25 años el neurocientífico colombiano Rodolfo Llinás cuando se conformó la Comisión de Sabios, a la que también pertenecieron Gabriel García Márquez y otros ocho ilustres colombianos, que intentaron dar un revolcón en estas tres áreas.

Un cuarto de siglo después, el sueño de Llinás y García Márquez sigue en el limbo. El presupuesto general de la nación para el 2018 muestra que a Colombia le sigue costando trabajo reorganizar prioridades. Mientras el presupuesto de defensa y policía subirá 8 %, el sector agrícola verá un recorte del 28 %, el medio ambiente un 25 % y la inversión pública en ciencia y tecnología caerá 41,5%.

José Manuel Restrepo, rector de la Universidad del Rosario, criticó el nuevo presupuesto advirtiendo que “en síntesis, todo presupuesto habla anticipadamente de la obra de un gobierno. Cuesta trabajo entender que entre los pocos que crecen aparezca como gran favorecido el presupuesto de defensa y policía, cuando todo lo que podría asociarse a urgencias en un escenario de posconflicto (ciencia, innovación, cultura, deporte, agro, turismo, educación, etc.) sigue el camino contrario”.

Desde su cuenta en Twitter, el exrector de la Universidad Nacional Moisés Wasserman trinó que “si a eso se suma lo que pasó con regalías y con ambiente, la única conclusión es que asumimos el subdesarrollo como vocación”.

El investigador Juan Manuel Anaya, uno de los diez científicos colombianos más citados por sus trabajos en el área de salud, también expresó su molestia en las redes sociales: “reducción en Ciencia y Tecnología desde el 2014. Oídos sordos y una locomotora que nunca arrancó”.

Durante los últimos siete años, el pico de inversión en Colciencias se alcanzó en 2013, con $430.150 millones. Al año siguiente bajó a $376.768 millones, en 2015 fue de $332.197 y en 2016 perdió otra porción y se redujo a $304.516 millones. Este año no fue la excepción al bajar un poco más hasta $299.177 millones. En 2018 será el más bajo en una década, con apenas $220.506 millones. El mayor golpe se podría ver reflejado en el congelamiento de nuevas becas para doctorados. El presupuesto para convocatorias de investigación también se podría ver gravemente afectado.

Las voces de protesta entre la comunidad científica sonaron débiles ante las de deportistas como Nairo Quintana, Mariana Pajón y El Pibe Valderrama, que la semana pasada se quejaron por el recorte al sector deportivo. En redes sociales se encargaron de convertir en tendencia el mensaje #NoRecortenMisSueños. Tanto así que el presidente Juan Manuel Santos prometió “revisar los números” para los deportistas.

Para la periodista científica Lisbeth Fog, más allá de los constantes recortes al presupuesto de la ciencia en todos los gobiernos durante los últimos años, estas situaciones también revelan la debilidad de la comunidad científica colombiana para organizarse, alzar su voz, protestar y comunicar lo que hacen. Mientras los deportistas son capaces de poner presión al ministro de Hacienda y al propio presidente, las universidades, grupos de investigación y los científicos deberían ser capaces de convencer a la sociedad de las razones por las que es mejor invertir en ciencia y tecnología que en otras áreas.

De hecho, el rector de la Universidad Nacional, Ignacio Mantilla, se pronunció en el mismo sentido: “hay silencios que son estruendosos. Por ejemplo, el que aturde nuestros oídos por las protestas ante estas decisiones”.

Una fuente del Gobierno explicó que si bien hay una “alarma” por el presupuesto de ciencia y tecnología, las cifras reveladas hasta ahora no son definitivas, pues durante la discusión del presupuesto en el Congreso de la República se suelen hacer adiciones para equilibrar.

Fuente: El Espectador

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