El candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda, anunció que la senadora indígena Aída Quilcué será su fórmula vicepresidencial para las elecciones presidenciales de 2026, convirtiéndose en uno de los primeros aspirantes en definir oficialmente su dupla de campaña.
El anuncio se produjo después de las elecciones legislativas y consultas políticas del 8 de marzo, en un contexto en el que el Pacto Histórico consolidó su fuerza en el Congreso y Cepeda emergió como una de las principales figuras de la izquierda en la contienda presidencial.
La elección de Quilcué ha sido interpretada por analistas como una apuesta política que refuerza la alianza del petrismo con movimientos sociales e indígenas, especialmente en el suroccidente del país, donde estas organizaciones tienen un peso significativo en la movilización política.
Trayectoria y perfil de la candidata a la vicepresidencia
Aída Marina Quilcué Vivas, nacida en Páez (Cauca) en 1973, es una lideresa indígena del pueblo nasa con más de dos décadas de trayectoria en la defensa de los derechos humanos, el territorio y los pueblos originarios.
Su carrera política tiene origen en el movimiento indígena del Cauca, particularmente en el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), espacios desde los cuales participó en procesos de movilización social, defensa territorial y diálogo político con el Estado.
En 2022 fue elegida senadora de la República por la circunscripción especial indígena, integrando la Comisión Primera del Senado, encargada de los asuntos constitucionales.
Su liderazgo ha estado marcado por episodios de violencia asociados al conflicto armado. En 2008 su esposo, el líder indígena Edwin Legarda, fue asesinado por miembros del Ejército en un hecho por el que posteriormente se reconoció responsabilidad estatal.
Una fórmula con alto contenido simbólico y político
La designación de Quilcué ha sido interpretada por varios analistas como una señal de continuidad con la estrategia que llevó al poder al presidente Gustavo Petro en 2022, cuando eligió a Francia Márquez como fórmula vicepresidencial.
En ese sentido, algunos observadores consideran que el nombramiento busca fortalecer el mensaje de representación social y territorial del proyecto político del Pacto Histórico.
Otros analistas, sin embargo, han planteado interrogantes sobre el equilibrio entre representación simbólica y experiencia de gobierno en las fórmulas vicepresidenciales. En el debate público se ha recordado que la vicepresidencia, además de ser un cargo político, cumple una función constitucional crucial: reemplazar al presidente en caso de ausencia temporal o definitiva.
Por esa razón, sectores políticos y expertos han señalado que el perfil de cualquier fórmula vicepresidencial debe evaluarse no solo por su representatividad social o territorial, sino también por su preparación para asumir eventualmente la jefatura del Estado.
El debate sobre la salud de Iván Cepeda
En paralelo al anuncio de la fórmula vicepresidencial, también ha resurgido un tema que algunos analistas consideran relevante en la discusión pública: el estado de salud del candidato presidencial.
Cepeda ha hecho público en años anteriores que ha enfrentado cáncer de colon y posteriores intervenciones médicas relacionadas con esa enfermedad, lo que ha generado preguntas en el debate político sobre su estado actual de salud.
Aunque el propio dirigente ha reiterado en distintas ocasiones que se encuentra en condiciones para ejercer su actividad política, el antecedente médico ha sido mencionado por algunos sectores para subrayar la importancia de que la fórmula vicepresidencial tenga las capacidades necesarias para asumir eventualmente la Presidencia en caso de una contingencia.
Una discusión que trasciende identidades
El debate que se ha abierto tras el anuncio de Cepeda no se centra únicamente en la identidad de la candidata. Para distintos analistas, la discusión de fondo gira alrededor de un principio democrático básico: los ciudadanos tienen derecho a conocer la trayectoria, capacidades y experiencia de quienes aspiran a conducir el país, ya sea como presidente o como vicepresidente.
En ese sentido, la candidatura de Aída Quilcué introduce un nuevo capítulo en la campaña presidencial de 2026: una fórmula que combina la trayectoria de un dirigente histórico de la izquierda con una lideresa indígena con fuerte presencia en los movimientos sociales, pero que ahora deberá demostrar su capacidad para proyectarse como eventual figura de gobierno a nivel nacional.







