La senadora María Fernanda Cabal y su esposo, el presidente de Fedegán José Félix Lafaurie, formalizaron su salida del Centro Democrático mediante una carta enviada al director del partido, Gabriel Vallejo. En el documento, conocido por varios medios, los dirigentes anuncian que “no quieren continuar” en la colectividad y proponen una escisión como “salida digna”, tras cuestionar el proceso interno que llevó a la elección de Paloma Valencia como candidata presidencial del uribismo para 2026.
En la misiva, de cuatro páginas, Lafaurie sostiene que la encuesta utilizada para escoger a la candidata habría carecido de garantías suficientes y habla de “resultados adulterados”, aludiendo a la participación de asesores externos y al papel de algunas figuras cercanas al expresidente Álvaro Uribe. Aun así, el texto deja claro que respetarán la designación de Valencia y que no buscan desconocer oficialmente su candidatura, sino marcar distancia política y orgánica del partido que ayudaron a construir.
La decisión se produce después de meses de tensiones internas, en los que Cabal, una de las voces más visibles del sector más duro del uribismo, había cuestionado el mecanismo de encuestas y defendido la idea de procedimientos más abiertos y verificables. La elección de Paloma Valencia como candidata, tras derrotar a Cabal y a otras senadoras en el proceso interno, terminó de profundizar la fractura.
Expertos en sistema de partidos y derecho electoral consultados por la prensa señalan que la propuesta de escisión tiene, por ahora, sobre todo un efecto político simbólico. La figura de la escisión ya ha sido usada en Colombia por colectividades como el Polo Democrático, que dio origen al partido Dignidad, o por el movimiento ADA en el nacimiento de La Fuerza de la Paz, pero también ha encontrado límites: recientemente el Consejo Nacional Electoral (CNE) negó una nueva escisión de La Fuerza de la Paz al considerar que se estaba abusando de ese mecanismo.
En el plano jurídico, los analistas coinciden en que una eventual escisión del Centro Democrático, si llegara a ser aprobada por sus órganos internos y reconocida por el CNE, difícilmente tendría efectos inmediatos sobre la contienda presidencial de 2026. El calendario electoral establece que el registro de comités de grupos significativos de ciudadanos y la entrega de firmas ya se cerraron en diciembre de 2025, y que el listado de candidaturas por firmas admitidas quedó definido entre el 8 y el 19 de enero de 2026. En otras palabras, el camino de una nueva candidatura presidencial construida desde cero al margen de un partido ya no está disponible en este ciclo.
Desde la perspectiva de organización partidista, lo que está en juego es más bien la redistribución de fuerzas en la derecha y en el propio uribismo. La salida de Cabal y Lafaurie resta al Centro Democrático una figura con alto nivel de recordación y un sector de opinión propio, mientras abre la posibilidad de que, a mediano plazo, surja una nueva colectividad alineada con sus posiciones. Varios analistas señalan que, con los tiempos legales ya corridos, cualquier escisión tendría efectos sobre todo después de 2026, en el reacomodo del mapa opositor y en futuras elecciones regionales o nacionales.
De momento, la colectividad uribista mantiene a Paloma Valencia como su candidata presidencial y ha cerrado filas en la defensa del proceso de selección. Voceros del partido han insistido en que la encuesta se realizó con auditorías externas y que, más allá de las discrepancias, la decisión es vinculante para la militancia. Cabal, por su parte, sale del partido con un mensaje de ruptura que confirma la profundidad de la crisis interna, pero su futuro inmediato en la contienda presidencial queda condicionado por los límites que imponen las fechas y reglas ya vigentes del sistema electoral colombiano.








