El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ofreció una inusual comparecencia televisada en la que reconoció abiertamente la gravedad de la crisis energética que atraviesa la isla y advirtió que el país se prepara para “vivir tiempos difíciles” por el desabastecimiento agudo de combustible. En su mensaje, el mandatario responsabilizó a la presión de Estados Unidos por el agravamiento del escenario y confirmó que su gobierno trabaja en un plan de contingencia multisectorial para enfrentar los próximos meses.
Díaz-Canel dijo que el Consejo de Ministros aprobó directrices para responder al “desabastecimiento agudo de combustible”, en un contexto de apagones extendidos, restricciones al transporte y encarecimiento de los costos de producción y del costo de vida para la población. El presidente retomó la idea de una “Opción Cero” actualizada —un esquema de supervivencia extrema diseñado en los años noventa ante la posibilidad de quedarse sin petróleo— y señaló que algunas de esas medidas están contempladas, adaptadas a la situación actual, aunque sin detallar todavía el alcance concreto de los recortes.
En paralelo, el gobernante indicó que Cuba busca aumentar el uso de fuentes renovables, especialmente la energía solar, para garantizar el funcionamiento de servicios esenciales como hospitales, centros de atención a personas mayores y zonas aisladas, en un momento en que la isla depende en gran medida de la importación de combustibles y ha visto reducirse los envíos desde Venezuela y México tras las recientes tensiones con Washington.
Díaz-Canel enmarcó la crisis en lo que calificó como un “bloqueo energético” por parte de Estados Unidos, al aludir a las restricciones sobre los cargamentos de crudo venezolano hacia Cuba y a las amenazas de imponer aranceles a los países que continúen suministrando petróleo a la isla. Sin embargo, reiteró que La Habana está dispuesta a un diálogo con el gobierno de Donald Trump, siempre que sea “sin presiones” y con respeto a la soberanía cubana.
El discurso coincidió con el anuncio de un nuevo paquete de ayuda humanitaria estadounidense por 6 millones de dólares —que eleva a 9 millones el total de asistencia tras el paso del huracán Melissa—, recursos que se canalizan a través de la Iglesia católica y organizaciones como Cáritas. Mientras Washington presenta esta ayuda como un gesto “no político”, al mismo tiempo mantiene y endurece las medidas que limitan la llegada de combustible a la isla, lo que ha acentuado los apagones y la tensión social.
El mensaje de Díaz-Canel se produce en medio de la peor combinación de crisis que vive Cuba desde los años del llamado “Período Especial”: apagones frecuentes, escasez de alimentos y medicinas, inflación elevada y un aumento de las protestas por las condiciones de vida desde 2024. Analistas señalan que la alusión directa a “tiempos difíciles” y a la “Opción Cero” refleja la magnitud del desafío económico y político que enfrenta el gobierno cubano en los próximos meses.









