El exintegrante de Piso 21 lanzó esta canción como parte de una nueva etapa artística, presentándola como un regreso a sus raíces, con un guiño al joropo y a la identidad del llano. Y la reacción no tardó: mientras unos aplauden la apuesta, otros sienten que la propuesta reduce la música llanera a una estética, a un vestuario, y cuestionan la profundidad de su letra.
Ahora bien, también hay que decir algo en favor de Llane. Según ha contado el propio artista, este universo nace de una memoria personal: del restaurante Alma Llanera, de su papá, de su infancia y de un entorno en el que empezó a cantar y a relacionarse con músicas de raíz.
Además, este no es su primer acercamiento visible a ese lenguaje. Ya había trabajado con el Cholo Valderrama en Como Este Bolero, colaboración vinculada a la serie La Vorágine que les valió una nominación a los Premios India Catalina. Eso sugiere que el acercamiento a ese universo musical no es nuevo. Además, la canción fue coescrita con compositores venezolanos de la industria pop latina, Servando Primera y Yasmil Marrufo, este último con formación en instrumentos de raíz venezolana como el cuatro y las maracas.
Y sobre la propuesta misma conviene ser precisos. Arepa con Queso arranca como balada pop romántica, pero vira hacia el joropo y lo sostiene por casi dos minutos. No es un elemento decorativo de cierre, está presente en el cuerpo de la canción. Algo que varios cultores y oyentes han señalado es que la letra rima lo llanero desde afuera. Y el video mezcla aperos llaneros, paisaje abierto y estética urbana en una propuesta que, para el ojo llanero, resulta poco convencional, aunque desde otra mirada puede funcionar.
La incomodidad que hoy expresan muchos cultores y oyentes es parte de este debate. El joropo no es una simple ambientación. No es solo zapateo, sombrero, paisaje abierto o una frase pegajosa sobre la arepa con queso. El joropo es memoria, territorio, técnica, poesía, sentimiento y una forma de narrar la vida en los llanos.
Por eso, cuando una propuesta usa elementos llaneros y genera preguntas sobre la profundidad de su acercamiento al género, es natural que aparezca la crítica.
Pero tampoco conviene reaccionar desde el purismo inmediato. La historia de la música demuestra que los géneros viven porque dialogan, se transforman y encuentran nuevas formas de llegar a otras generaciones.
En Arauca lo sabemos. Ha ocurrido con propuestas que mezclan el joropo con otros lenguajes, algunas más polémicas, otras más aceptadas. Por eso la discusión no debería quedarse en si se puede fusionar o no. La verdadera pregunta es cómo se hace, desde dónde se hace y qué tanto respeto existe por el alma del género.
Y ahí vale la pena mirar referencias más cercanas. En Arauca, propuestas como la de Chimó Psicodélico, que ha cruzado el joropo con el rock con talento, carácter y una apuesta artística genuina, también han generado debate, desde sectores tradicionales del joropo y desde quienes tienen lecturas distintas sobre ese cruce de lenguajes. En otro lugar de la discusión aparecen búsquedas como la de Valentino Caroprese, que lleva el joropo a un ensamble con piano, violonchelo, contrabajo, cuatro y maracas, en una exploración que muchos perciben más cercana a la raíz y a la investigación musical. ¿Qué nos muestra esto? Que no toda fusión nace del mismo lugar, no toda provoca por las mismas razones y no toda merece ser juzgada de la misma manera.

Además, hay otro punto que no se puede ignorar. El joropo enfrenta el reto de conectar con generaciones que lo conocen poco y que crecieron con otras músicas. Muchos jóvenes no lo bailan, no lo escuchan con frecuencia, no reconocen a sus grandes compositores ni alcanzan a comprender todavía todo su valor cultural.
Entonces vale la pena preguntarse: si un artista masivo se acerca al joropo, aunque lo haga desde el pop o desde una lectura incompleta, ¿eso necesariamente afecta al género? ¿O podría, al menos, despertar curiosidad y llevar a algunos a conocer lo auténtico?
En Meridiano70 entendemos que el joropo es un patrimonio vivo, compartido por Colombia y Venezuela, y precisamente por eso creemos que merece una discusión seria. Defendemos la música llanera, su dignidad y su profundidad, pero también entendemos que las culturas no se preservan encerrándolas en una urna.

Por eso hoy queremos dejar planteada una idea que para nosotros es esencial: no todo intento de fusión merece aplauso, pero tampoco toda fusión merece condena.
Y también otra verdad que esta discusión nos obliga a recordar: el joropo vive en el vínculo real con su alma, su poesía y su territorio.
Ahí está el fondo del debate.
¿La propuesta de Llane te gustó o no te gustó? La conversación apenas comienza. Y en Meridiano70 la vamos a seguir dando, porque este debate no termina en Llane: también nos obliga a pensar qué aceptamos, qué cuestionamos y qué caminos pueden mantener vivo el joropo sin vaciarlo de sentido.









